"Mi padre era el hombre por el que todas nos moríamos. Era alto, guapo, fuerte, culto", ha dicho usted.
Cierto. Mi papá era un médico de vocación. Aparte de inteligente y culto, era una persona muy querida y respetada. Escogió el camino difícil, que era estudiar medicina en ese momento.
¿Por qué difícil?
La medicina siempre es una profesión sacrificada. Mi padre siempre optó por ayudar a los que tenían menos. Tenía un consultorio en el Centro de Lima, en la calle Chota, donde a la mayoría de sus pacientes no le cobraba un centavo. Él prefería atender a quienes verdaderamente lo necesitaban.
Usted tenía 7 u 8 años cuando una madrugada de invierno despertó y vio que su padre se iba de la casa para atender a un paciente. Usted se acurrucó al lado de su madre y le dijo: "Qué rico que soy mujer y que nunca voy a trabajar"
Es que mi mamá se graduó de abogada y doctora en Literatura, en una época en la que había dos mujeres en toda la facultad de Derecho. Pero se casó y escogió no trabajar. Entonces, en mi modelo mental de 7 años, los hombres llevaban la vida dura y las mujeres nos quedábamos calientitas en la cama (ríe). Uno a los 7 años se equivoca un montón.
¿Qué otras equivocaciones tuvo su pensamiento de niña?
¿Sabes qué? Como muchos de mi generación, yo crecí influenciada por la televisión. Cuando yo nací, en 1959, a mi mamá le regalaron un televisor. La televisión nació casi conmigo. Había muchas series de gente bondadosa y recuerdo haberlas visto todas. Recuerdo 'Papá lo sabetodo', 'El Gran Chaparral', donde había los buenos y los malos claramente diferenciados. De chiquita veía el mundo así de fácil.
Y luego sino se da cuenta de que no es tan fácil diferenciar a los buenos y malos
Sí, claro. Yo siempre digo que hay gente que sabe caminar en la luz, y que en la luz nos manejamos muy bien. Y hay quienes se saben manejar en las sombras, y que son capaces de ver y tramar en la sombra. Yo ahí no me manejo nada bien. No solo me espanta, sino que no tengo habilidad para la intriga.
De algún modo, todos tenemos una batalla con el pasado. ¿Cómo recuerda su infancia?
Yo era una niña que leía bastante. Muchos de mis recuerdos están vinculados a las cosas que leía. Y a veces leía libros de grandes.
Por ejemplo?
La Peste. Recuerdo que me dejó traumada. Esos libros de guerras y desgracias eran fuertes para alguien de 11 ó 12 años. Mis padres pensaban que el mundo también se conocía leyéndolo.
¿Y cómo así conciliaba el hábito de la lectura con el de ver televisión?
Es que soy mujer. Las mujeres podemos y hacemos dos cosas al mismo tiempo (ríe).
Pero hubo un tiempo en que usted dejó su trabajo para dedicarse exclusivamente a sus tres hijos.
Sí. Cuando estaba esperando mi segunda hija, mi esposo y yo tomamos la decisión de que me quedara en casa y me ocupara de remodelarla y de cuidar a los niños. Después tuve una tercera hija y durante ocho años me dediqué a ellos.
¿Nunca se sintió incompleta?
Las mujeres de esos tiempos tenemos esa dualidad: cuando estamos trabajando nos sentimos culpables de no estar con los hijos, y cuando estamos con los hijos nos sentimos culpables de no estar ocupándonos más de nuestra carrera. Pero fueron lindos años. No me arrepiento. Y después nos fuimos con la familia a vivir a Estados Unidos.
Ustedes se fueron allá a raíz del intento de Alan García de estatizar la banca. Su esposo trabajaba en un banco, ¿no?
Sí, en el Banco de Crédito. Le ofrecieron un trabajo en Miami en 1988, año de bombas y atentados, año en el que había esa sensación lamentable de que no había futuro en el país. En el Perú uno no podía darse el lujo de soñar nada bueno para sí mismo. El espíritu era sobrevivir nada más.
Su esposo perdió el trabajo.
Nosotros vivíamos en Miami en una casa preciosa, con una hipoteca enorme. Teníamos dos carros en leasing, tres hijos preciosos y un golden retriever de lo más amoroso. Éramos de esos jóvenes que viven mucho el hoy pensando que el mañana va a ser tan bueno como el hoy.
¿Eso significa que gastaban mucho?
Eso significa que ahorrábamos poco. Uno no es rico por lo que gana, sino por lo que no gasta.
Es verdad.
Cuando mi esposo perdió el trabajo, no teníamos ahorros. Pensamos vender la casa, pero coincidió con la invasión de Estados Unidos a Kuwait, y no se vendía nada. Nos vino la suma de las tormentas. Mi esposo y yo cometimos todos los errores que hoy me preocupo de que no cometa la gente que pasa por una situación de desempleo.
Comenzando por hablar mal del lugar donde uno laboró.
Así es. Por eso yo menciono en el libro el tema de la compra de la libertad profesional.
Claro. Usted tiene la idea de que el dinero compra nuestra libertad.
Te lo pongo de este modo. No hay nada peor que estar en un trabajo donde no estás a gusto. Muchas veces uno se queda porque teme no poder pagar el colegio de sus hijos. Para ser empleable, uno tiene que ser leal a sí mismo y hacer aquellas cosas para las que es apasionado. Cuando las circunstancias no se dan, uno tiene que irse del trabajo sabiendo que podrá pagar el colegio. Por eso, para ser empleable, es muy importante que uno ahorre y así ser libre profesionalmente.
Usted enviudó en 1997. Para alguien que le encanta el trabajo, ¿qué es lo más laborioso de ser madre y padre a la vez?
Organizarse. Tuve suerte de que mi mamá se ocupara mucho de mis hijos. Para mí, el trabajo no era una elección, era un hecho. Tenía que mantener la casa. Yo he delegado mucho en las personas que trabajan en mi casa -que es gente inteligente y buena- para que hagan muchas tareas que yo considero que no son tan importantes para mí.
¿Qué tareas, or ejemplo?
Por ejemplo, no me gusta ir a comprar.
Ir al mercado.
Sí.
¿Será porque prefiere otro tipo de mercados?
No (ríe). Lo que pasa es que si Rosa cocina, ella decide qué vamos a comer y qué vamos a comprar. No tengo por qué intervenir en ese proceso. Yo solo superviso, celebro y desarrollo. Me he rodeado bien siempre, gracias a Dios.
En el 2001 usted pasó un momento terrible. Junto a su hija Lorena regresaba de la playa y un chofer ebrio las chocó. A ella no le pasó nada, pero usted estuvo tres meses en silla de ruedas.
Hay una frase que me gusta muchísimo: experiencia no es lo que te pasa en la vida, experiencia es lo que haces con lo que te pasa en la vida. Me rompí once huesos, me operaron nueve veces, estuve en muleta casi un año, tengo una lesión de por vida en el tobillo, pero mi hija Lorena está viva. Entonces, no es lo que te pasa, sino de dónde lo mires.
Si te tengo que hacer una confesión te diré que esa espiritualidad que uno gana por haber estado tan cerca de la muerte, se va perdiendo. La rutina y el estrés se comen esas bendiciones. Pero la vida siempre se ha preocupado de darme otros golpes para acordarme de eso.
¿Qué otros golpes le ha dado la vida?
Varios, varios. El 2010 fue un año complicado.
¿Podría decirnos por qué?
Una persona inmensamente querida por mí tiene cáncer. Está luchándola de una manera muy valiente y con gran energía. Y lo que pudo haber sido un año de pesadilla, se convirtió en un año de aprendizaje. Que una persona acepte los tratamientos, las operaciones y las quimioterapias y encima siga sonriendo, es espectacular.
Totalmente de acuerdo
La vida siempre se encarga de hacernos acordarque nada es seguro, que nada es gratis, quetodo se puede ir y que todo es valioso.
Después de todos estos golpes, ¿le tiene miedo a la muerte?
A la mía no. A la de mis seres queridos le tengo terror. A mi muerte no le tengo miedo. Ando con la conciencia tranquila y creo que mi paso por el purgatorio no será muy largo. Claro, derechito hacia arriba, ¿no?
LIBROS FAVORITOS
1. El poder del ahora: Eckhart Tolle
2. Inés del alma mía: Isabel Allende
3. Un mundo para Julius: Alfredo Bryce
4. La catedral del mar: Ildefonso Falcones
5. La sombra del viento: Carlos Ruiz Zafón
Fuente: Diario 16 / Entrevista / 07-01-2011
Esa lesión en el tobillo le impide hacer ciertas actividades. ¿Qué cambió en usted después de ese accidente?



Noticias y Artículos






